El día que tuve que entrar a la pecera sentí miedo al ver que no podría reconocerte. Más tarde supe que veías del mismo color que el mar (un poco más claro, si cabe), que nadábamos en el mismo sentido. Más tarde supe que el mismo sonido que nos uniría también nos descosería (pieza a pieza, si cabe).
Y si la memoria astuta y selectiva me lo permite, desde que te has ido quedará grabado a fuego en la piel, y ni siquiera tus ojos del agua salada podrán curarlo...
Como las vivas llamas del Foxtrot que nunca escuchamos.
-Burn-
miércoles, 24 de octubre de 2012
domingo, 21 de octubre de 2012
Ambos sabemos que no existe situación más absurda que ésta. Negamos lo irrebatible sin cruzar ni dos palabras. Restamos cifras a nuestra existencia con una risita ingenua en el rostro. Ambos sabemos que no nos conocemos, que uno no es una parada obligatoria en el camino del otro. Todo es mucho más sencillo si no te tengo delante. Supongo que tú podrías decir lo mismo, ¿no? Todo el arsenal de aventuras que hemos canjeado por segundos de atención no sé si equivalen a lo que pactamos sin discutirlo. Parece un poco extraño, sí. Pero algo congruente teníamos que hacer. La verdad es que empiezo a sentir el pánico corriendo por mis venas al ver que no todo es algo fortuito, que de la nada surge un ademán de contrariedad en referencia a tus discursos. Todo es mucho más sencillo si te tengo delante. Si teniéndote delante estamos apartados por una persiana hecha del vaho tóxico del ayer. Achispados, inhalando calumnias y apresando con las puntas de los dedos aquellos instantes que jamás fueron, aún siendo conscientes de ello.
lunes, 17 de septiembre de 2012
Qué fuerte y qué horrible me parece a la vez. Hacía meses, hasta quizás años, que no pensaba en ello, y no sé si escandalizarme o alegrarme.
Siempre he sabido que la memoria es astuta, es decir, selectiva. Y siempre he tenido presente también eso de "cualquier tiempo pasado siempre fue mejor". Soy consciente de que el ser humano es idiota y egoísta por naturaleza, y que poco hay para remediarlo.
Existió un tiempo en el que yo me levantaba a las siete de la mañana, y en el que ponerme una canción de Calamaro o Bunbury a esas horas era un gran placer. Me moría por llegar a casa y desahogarme en mi blog privado. Eso sí, escribiendo sin ninguna falta, no como ahora. No necesitaba irme a dormir tarde y el momento de antes de acostarme era lo mejor: repetía cada día de la semana la misma canción antes de tumbarme en la cama. Tampoco conocía la discografía completa de Héroes, y es más, no tenía ninguna prisa por hacerlo. Odiaba mi pelo rizado y un sinfín de cosas más que a día de hoy ni se asoman por mi vida.
La verdad es que me ha impactado el volver a indagar en todos esos años de mi vida (bueno, no muchos, tres o cuatro). Me ha chocado el ver lo poco que pienso en ellos y lo estable que estaba.
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