Lo he intentado muchas veces durante todo este tiempo, consciente e inconscientemente. He bajado -nunca subido- porque no conozco más caminos, y tampoco quiero conocerlos. En una ocasión lo rocé y fue emocionante. El otro día, y quizá ya por última vez, volví a ello. Pero casi que por inercia. Era el día menos indicado de todos y sucedió. Te vi y no pude creerlo. Te vi pero no sé si es que mi cabeza se lo inventó. De hecho ni siquiera iba a girar la cabeza, no estaba en la posición adecuada, pero lo hice. Ahora ya tengo la respuesta. Y creo que, aunque parezca curioso, hubiese huido aún más rápido si no hubiese ido acompañada.
Julio de 2014
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