Y no hablemos del olvido...
Pues me da rabia cuando crees que no creo en ti. Cuando veo como miras de reojo hacia aquel lugar donde sólo había cabida para mis sollozos y rabietas. Me siento furiosa porque a pesar de haberme visto afectada por la pócima de la adoración y por considerarme tornadiza, creo no saber ya qué es ese tul renegrido y corrompido. Juro y perjuro que he dominado cada alimaña que se resistía al paso del tiempo. A todas las bestias que jadeaban en los cantos, en sus cavernas llenas de telarañas. He convivido con los sucesivos resoplidos que parecían no turbarte jamás, pero a mi sí. Y aún así te he seguido, creído, aceptado, admitido, tragado, aguantado. Cosas que jamás, nunca, en absoluto, de ningún modo, hubiese estado dispuesta a perdonar.
... que ya sabes que es una calle cortada (por los restos del derrumbe, una sonrisa mellada, un aliento de escombro...).
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