lunes, 23 de septiembre de 2013


Os devolveré todo lo que me habéis dado: Nada.


martes, 17 de septiembre de 2013

Mañana... ¡oh, si fuera posible irse de aquí mañana! Regenerarse, resucitar. Hay que demostrarles... Que Polina sepa que todavía puedo ser un hombre. Basta sólo con... ahora, claro, es tarde, pero mañana... ¡Oh tengo un presentimiento, y no puede ser de otro modo! Tengo ahora quince luises y empecé con quince gulden. Si comenzara con cautela... ¡pero de veras, de veras que soy un chicuelo! ¿De veras que no me doy cuenta de que estoy perdido? Pero... ¿por qué no puedo volver a la vida? Sí, basta sólo con ser prudente y perseverante, aunque sólo sea una vez en la vida... y eso es todo. Basta sólo con mantenerse firme una sola vez en la vida y en una hora puedo cambiar todo mi destino. Firmeza de carácter, eso es lo importante. Recordar sólo lo que me ocurrió hace siete meses en Roulettenburg, antes de mis pérdidas definitivas en el juego. ¡Ah, ése fue un ejemplo notable de firmeza: lo perdí todo entonces, todo... salí del casino, me registré los bolsillos, y en el del chaleco me quedaba todavía un gulden: "¡Ah, al menos me queda con qué comer!", pensé, pero cien pasos más adelante cambié de parecer y volví al casino. Aposté ese gulden a manque (esa vez fue a manque) y, es cierto, hay algo especial en esa sensación, cuando está uno solo, en el extranjero, lejos de su patria, de sus amigos, sin saber si va a comer ese día, y apuesta su último gulden, así como suena, el último de todos. Gané y al cabo de veinte minutos salí del casino con ciento setenta gulden en el bolsillo. ¡Así sucedió, sí! ¡Eso es lo que a veces puede significar el último gulden! ¿Y qué hubiera sido de mí si me hubiera acobardado entonces, si no me hubiera atrevido a tomar una decisión?
¡Mañana, mañana acabará todo!

jueves, 29 de agosto de 2013

A ti sólo se llega 
por ti. Te espero. 

Yo sí que sé dónde estoy, 
mi ciudad, la calle, el nombre 
por el que todos me llaman. 
Pero no sé dónde estuve 
contigo. 
Allí me llevas tú. 

 ¿Cómo 
iba a aprender el camino 
si yo no miraba a nada 
más que a ti, 
si el camino era tu andar, 
y el final 
fue cuando tú te paraste? 
¿Qué más podía haber ya 
que tú ofrecida, mirándome? 

 Pero ahora, 
¡qué desterrado, qué ausente 
es estar donde uno está! 
Espero, pasan los trenes, 
los azares, las miradas. 
Me llevarían adonde 
nunca he estado. Pero yo 
no quiero los cielos nuevos. 
Yo quiero estar donde estuve. 
Contigo, volver. 
¡Qué novedad tan inmensa 
eso, volver otra vez, 
repetir lo nunca igual 
de aquel asombro infinito! 
Y que mientras no vengas tú 
yo me quedaré en la orilla 
de los vuelos, de los sueños, 
de las estelas, inmóvil. 
Porque sé que adonde estuve 
ni alas, ni ruedas, ni velas 
llevan. 
Todas van extraviadas. 
Porque sé que adonde estuve 
sólo 
se va contigo, por ti.

miércoles, 28 de agosto de 2013


Ayer me terminé El Hobbit.