domingo, 8 de marzo de 2015

En realidad sé que aún me queda una última opción y que es la única que podría acabar con este dolor de cabeza. Y aunque ahora te echo de menos y eso supone algo de "dolor" -en el que encuentras cierto gustito reconfortante, incluso-, si llevase a cabo lo que tengo en mente, acabaría con todo y entonces sí que sentiría DOLOR. Mucho. Pero como lo mío siempre ha sido la pereza y el escapismo pues mejor me quedo aquí, recordando tiempos pasados y oportunidades desaprovechadas mientras me limito a autoconvencerme de que en realidad no me va tan mal. Pero pasan los días, y después llegan las semanas y los meses, hasta que me encuentro con... ¡los años! Y así es. Pensaba que podría deshacerme de ti en cuestión de días, y no, aquí sigo. Aquí sigo a pesar de que me hayas dado una sutil patada -o eso me quiere hacer creer mi cabeza-. Que sí, que me lo merezco, incluso me merezco algo peor. Y en el fondo ni siquiera sé si quiero superarlo.

Ojalá algún día vuelvas por aquí y te reconozcas, porque yo no me atrevo a decirte todo esto de tú a tú.

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