lunes, 12 de diciembre de 2011

Fechas señaladas nunca fueron buenas

Se acostaba en una nube agridulce.

Cayó del cielo como si de una mota de polvo se tratase. Encanto escuálido y afabilidad divina.Cientos de amigos que le prometían el cielo y gestos ingénuos. No hay mucho más que decir.

El también le ofreció el cielo y el universo entero. Ella le arrastró a su dominio con su astuta gracia. Su cuerpo era como una tumba casi imposible de profanar. Templo celestial, paradisíaco, sensualidad femenina en pocos quilos de carne. Era tarea ardua traspasar la barrera y así llegar a aquel bosque etéreo. Ella se cansó de él y él padeció de todos los dolores posibles por aquel ser prematuro. Él lo enterró todo en un féretro de rencor que a día de hoy sigue aún abierto.


Apareció entre etanol, música y pupilas dilatadas. Cortina bizarra y manía contenida. Sola, sola ante la vía eterna y delgada del mundo. Transformada por substancias adulteradas nocturnas, terminó en un hocico inexplorado. Todo lo demás, era misterio.

Él construyó un vallado entre el apego y la carne. Ella quiso saltar al ingrávido vacío, indagar entre los recónditos recovecos de su alma. Él seguía prendado de aquella belleza áurea que tanto detrimento le había suscitado. Ella se contuvo, se cobijó entre montones de pájaros y dejó de ver todo lo visible. Él le prometió de nuevo el cielo y el universo, pero ella no quiso creerle al principio, aunque al final lo aceptó.

Lo que él no sabía es que ella padecía de insomnio, que se reugiaba en mentes ajenas con tal de no caer en aquel profundo y perpetuo vacío llamado amor. Que sufría de locura nocturna y solitaria, que danzaba con sus miedos a cada segundo, que la dorada evidencia del pasado la perseguía a cada paso. Soportaba la ansiedad, la angustia, la paranoia. Se drogaba con música, entraba en trance con un simple olor contaminado. De curiosidad insaciable, que de tanto querer saber se acababa haciendo daño a sí misma. Seguía colgando de un hilo del pasado, contando páginas del calendario pasadas, retorciendo las agujas del reloj... todo lo que escribía destilaba de dolor.

Y simplemente, simplemente... se hubiese conformado con su desaparición.




1 comentario:

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