domingo, 23 de enero de 2011

in my darkest hour

He estado repasando lo que he escrito en estos últimos dos años. He estado viendo como he perdido la inocencia, las ganas, la buena voluntad... entre otras cosas. He estado comprobando como he ampliado mi campo de visión, especialmente en el terreno de lo negativo. He visto como la sensibilidad  y emotividad que antes no escondía aún siguen estando ahí, tras una falsa coraza de plástico. He visto como los miedos más banales han desaparecido, y otros mucho peores han emergido. He visto como he cavado un foso cada vez más profundo entre mí y el resto del mundo. He visto como he retrocedido mentalmente, como mi cabeza esta cada vez más nublada y llena de pájaros. Ahora sí que puedo decir que casi vivo en un mundo paralelo.
Nunca más volveré a correr por el pasillo del instituto, ni a descubrir tanta música nueva de aquella manera. Nunca más volveré a sentirme bien a pesar de llevar un mes resfriada y tener la nariz como Rudolph. Nunca más lloraré porque mi profesor de matemáticas me dio una colleja. Tampoco volveré a poner una excusa para marcharme de clase. Ni volveré a conversar mediante papeles. No volveré a soñar despierta por la calle, ni a pasarme tardes enteras recortando fotografías y clasificándolas. Ya no volveré a pasar más horas del patio contigo. Jamás volveré a vivir un amor tan inocente, tan lleno de magia infantil. No volveré a echar de menos tanto a alguien, hasta retorcerme del dolor de barriga en la cama mientras escucho canciones noñas. No me volveré a pasar mediodías en aquella buhardilla esperando una llamada. Ni a escribir hasta hacerme llagas. Jamás volveré a odiar la debilidad.
Ahora sí que puedo desmentir aquello de "cualquier pasado siempre fue mejor". El año pasado fue una puta mierda y así me he quedado.

Crecer me da asco.

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