domingo, 12 de diciembre de 2010

me guste o no, para siempre

Supongo que el tiempo y la distancia han ayudado a ver las cosas con más claridad. O puede que no sea así, puesto que la imaginación ha sido siempre mi gran compañera. Recuerdo constantemente aquel principio del fin... ya que creo que en cuanto se unieron nuestros lazos para formar sólo uno, éste comenzó a morir. Todo fue tan rápido, y parecía tan fácil... Me alimentabas con aquella falsa euforia, me inyectaba dosis de afecto contaminado en vena. Hasta que algo comenzó a no encajar, y el roce provocó llagas. Llagas que sufrían el constante roce de todo aquel movimiento, y que acabó convirtiéndose en una herida cada vez más profunda, infectada, que no dejaba de supurar. Y tú usabas tus mentiras a modo de tiritas, hasta que dejaron de enganchar. Todo se convirtió en un habitual ir y venir, en equilibrios sobre aquella cuerda que no dejaba de tensarse y destensarse... El confundir los llantos con las sonrisas se volvió normal, y aquel "mi vida es mía" que tanto me gustaba, perdió todo su valor. Hasta que la ceguera pudo conmigo, y drogada de tus palabras y substancias psicoactivas aún sin identificar, sucumbí ante todos estos meses de aguante. Y así fue como acabamos perdiéndonos entre las agujas del reloj y las hojas del calendario... como era de esperar. De vez en cuando, siento que sigo dependiendo de todo aquello, "cualquier pasado siempre fue mejor". Lo cierto es que nunca me había encontrado en ese nivel, tan alto, tan lejos... y tan feliz, engañada y feliz. Quizás sea la nostalgia, la añoranza de tiempos que parecieron mejores, cuando lo malo era lo mejor. Y ahora, eres una bonita cicatriz. Sí.

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